9 de junio de 2026


Qué profundo duele 

la lucidez que conlleva el entender, 

el caer en la cuenta 

de que esa ilusión que anhelabas

se hizo trizas. 

Y cuando digo "se hizo trizas", 

no es metáfora,

es literalidad:

Se siente como algo estalla dentro, cual vidrio, 

las astillas desgarran esa ilusión y la destrozan, 

arde y a la vez se percibe un estrujar metálico, forzado;

y mientras sientes que eso ocurre en tu interior,

al mismo tiempo, estas cambiando, y lo sabes. 

Ya no serás quien eras.

 

Y ese momento exacto en que tomas conciencia

de que eso que se rompió dentro tuyo...

Aún no logro discernirlo

¿es una mierda, o una bendición? 


Si, lo sé. Es solo una ilusión, te repondrás...

pero esa ilusión era parte de tu andar. 

Y ese dolor, aunque solo es un duelo ficticio, 

te nubla, te ciega, te inhabilita. 


Seguramente tengas que retraerte y encerrarte, 

y quizás hasta encuentres una calidez agradable, 

ahi, seguro, dentro tuyo. 

Pero no te cierres, 

esa ilusión solo era una, no la única. 

Luego solo te quedará sanar, 

y avanzar. 

24 de abril de 2026

El precio del daño



Llega el momento en que, aunque no quieras,
la vida te cobra el precio del daño que cargas. 

Estar roto no es gratis. 

Hay heridas que no sanan 
incluso aunque no se vean ni duelan. 

Y cuando menos lo sospechas, 
ese dolor que no logras abrazar
te mueve, te domina
y en el impulso
lastimás.

A vos, a otros, a otras.
Tu resquebrajado existir 
altera las estelas de otras vidas; 
y daña. 

Y descubrís ahí el fin de reconstruirte,
de procesar, de sanar, 
de evolucionar.

Reparar ese daño que te socava, 
ese es el fin. 

26 de mayo de 2024

Dualidades extremistas.


¿Hacerlo o no hacerlo?

¿Saltas?


¿Sí o No?.

¿Y...si, si? y ¿Si no?

Se nos pasa la vida
deduciendo, definiendo entre dualidades,
dualidades extremistas,
enquistadas,
inexpugnables.

El tiempo y la experiencia
son grandes aliados.
Según dicen.

Quizás no lo sabías.
Te importe o no la existencia del destino...
esta puede ser tu última oportunidad.




“Don Juan me dijo entonces que ellos partirían ese mismo día,
a la hora del crepúsculo, y que lo que aún tenía que hacer conmigo
era crear una apertura, una interrupción en el continuo de mi tiempo.
Iban a hacerme saltar a un abismo...”

Pasaje de "El don del águila"
de Carlos Castaneda

1 de febrero de 2024

Confesión de parte.

 


Confesión de parte.


Confieso: todo ha sido una inmensa mentira. 


He sido víctima y victimario. 

De mi mismo; de mis ficciones de seguridad.

Sin embargo es más doloroso

seguir ocultando que revelar. 

La negación y el rechazo

a la idea del querer

son sólo máscaras que he creído me mantenían a salvo.


Llevo mucho tiempo roto.

He pasado demasiados años escondiéndome

de los sentimientos

y de las oportunidades. 

Como todos, supongo, alguna vez he salido herido en las cosas del querer.

Como muchos, probablemente, no he podido sobreponerme.


La confianza resquebrajada en mi propio existir,

el miedo a sentir libremente,

a exponer mis emociones al escarnio de las posibilidades,

me han retenido detrás de una nebulosa ficticia de autosuficiencia,

en la que me he empeñado en fingir que no necesito

ni besos ni caricias,

ni cariño,

ni una consideración especial. 


Eso es lo más difícil,

el ardor consciente de la verdad:

asumir que de lo dañado que estás,

te autoconvences de que no merecés ser amado. 


Y así huyes.

Siempre corres.

Siempre asustado.

Siempre minimizado.

Siempre inseguro. 

Y así mientes, te mientes.

Y te escondes. 


Pero ningún plan es perfecto, y ninguna mentira es eterna. 

A veces, sin planearlo,

llegan personas a tu vida que te agitan la existencia,

que truncan todos tus macabros planes de autosaboteo. 

Y te despiertan. 

Y te hacen sentir. 

Y la maraña de emociones turbulentas sacude,

iracunda,

hasta lo más profundo de tu ser. 


Y descubres que sí,

que quieres, que deseas,

y que en realidad lo que te derrumba es el miedo. 

Ese miedo constante y latente a exponerte al dolor.

A un dolor que te lastima hasta inutilizarte,

hasta debilitarte y vaciarte de ilusiones.

Ese miedo que te invisibiliza y te hace débil,

incapaz de ver tus propias virtudes,

porque solo ves la oscuridad que lo cubre todo siempre. 


Y te acosan permanentemente preguntas sin respuesta.

¿Cómo desarticular tantas ideas e inseguridades autoconstruidas?,

¿Cómo enfrentar el miedo y animarse a salir de detrás de tus propios muros de seguridad?.

¿Cómo exponer tu corazón cuando llevas tanto tiempo alejándote de sus propios latidos? 


No, esta confesión no tiene, ni busca tener una conclusión. 

Solo es una maldita confesión de una verdad que me desgarra por dentro:

tengo el alma dañada y temerosa del amor. 

Y sé que el tiempo corre, y se agota. 

Y sigo sin tener idea de qué hacer con todo esto. 

14 de enero de 2024

Perderse (en construcción)

 


Dejarse sorprender, 

soltar el control (o intentarlo, al menos),

quitar la vista del horizonte,

respirar profundo y observar el interior, 

minuciosamente, 

y percibir el tenue latido constante del presente vivo.


Parece ser uno de los grandes misterios revelados de la existencia,

una obviedad. 

Pero qué difícil es, en realidad. 


El pasado siempre se ve más bello a la distancia. 

El futuro es la preocupación y el motor de las existencias,

imprevisible, 

pero que aún así nos desvivimos por moldear desde el ahora. 

Al fin y al cabo eso si lo podemos controlar.

Ingenuo, lo sabes bien en realidad, 

ahora es todo lo que tienes; 

justo ahora.


Avanza tambaleante, pero avanza.

Con pasos lentos y dudando de cada uno de ellos, pero avanza.

¿Estas perdido?

¿En términos de quién, según qué parámetros?

Puede que el problema esté en los instrumentos de medición

y en las dimensiones tabuladas. 


Lo insospechado puede ser a la vez aterrador y maravilloso. 


4 de octubre de 2022

Viaje de encuentros





Casi cinco meses después de la partida, emprendo el regreso a casa con el corazón en calma. 

¿Cual es mi casa? 

Aquella donde querer y ser querido es moneda corriente, aquella en donde  ser libre y auténtico es parte natural del existir. 

Mi casa son mis amores. 

Fueron muchos los caminos recorridos, los lugares hermosos descubiertos, y las aventuras vividas. 

Mucha adrenalina, de esa que te invade cuando vas hacia lo desconocido, desconcertante y satisfactoria a la vez. 


No han sido solo cinco meses de encuentros con otros seres. También he pasado mucho tiempo conmigo, solos yo y yo, en nuestro mundo. 

Han sido lindas horas, gratificantes y tranquilas, en paz con mi pasado y mi presente, tranquilo y expectante ante un futuro incierto. La verdad es que la estoy pasando muy bien conmigo mismo. 


Y el camino me sigue sorprendiendo. 

Personas que me brindan cariño y confianza no dejan de aparecer y enriquecerme en cada momento. 

Y que bello es poder retribuir amor con amor, calma con calma y sonrisas con más sonrisas. 

Muchas personas, hermosos seres y coincidencias. 

Muchas palabras, incontables risas, un sinnúmero de abrazos; y besos, claro, porque ¿qué es la vida sin besos?

Pieles y mentes conectadas, aunque más no sea por ese ínfimo Instante en que el tiempo y el espacio las reúne. 


Una maraña hermosa de emociones y contradicciones. 

Ansias de reencuentros que me aceleran, nostalgias de despedidas que me sensibilizan. 


Pero sé, con tranquilidad y certeza, que no es el fin del viaje. 

Es un paso más del camino, de los lugares 

y de los seres emocionantes que me restan por descubrir y (re)encontrar. 


 

31 de marzo de 2022

Sobre la maraña emocional de una lenta partida


Esto es una reflexión catártica, sin más intención que ser compartida y sin objetivos definidos.
Para quien la vive y la atraviesa, la partida es sin dudas mucho más lenta y profunda que para quien la visualiza.
Por supuesto, cuando se involucran las emociones, tanto para quien se aleja como quien permanece, los sentimientos podrían ser equiparables, pero no sus vivencias ni percepciones.
En términos pura y exclusivamente de la partida, del hecho concreto de dejar el lugar, para quien ejecuta la acción, el tiempo parece que no pasa.

Al menos es así hasta que llega el momento de partir en verdad, cuando se vuelve tangible su proximidad y la cuenta regresiva comienza su andar incesante.
No importa cuan larga sea esa espera, esa regresión inevitablemente llegará a cero. Y a partir de ello, ya no es una idea, un plan, o lo que fuere.
Partir es ahora el paso unívoco que darás.

Esta certeza (la de un final) desestabiliza los cimientos de cualquiera, mientras empieza a desvanecerse el mundo que nos inventamos y que elegimos vivir. Incluso es así cuando no es la primera vez que se emprende una partida (y tengo ya varias en mi haber…).
Podría parecer que salir de la zona de confort resultaría más simple, insisto, dada la experiencia.
Pero esta vez se siente diferente.
Es más intenso, y el futuro es tan incierto como en realidad es.
Por momentos se vuelve asfixiante la idea de no tener un rumbo establecido, un plan trazado y un objetivo definido. En todo eso, créanme, esta si es mi primera vez. Y me siento impaciente e inestablemente nostálgico, a la vez que me invaden la decisión y la avidez de la aventura.

Para quien se aleja por su voluntad (no puedo interpretar los sentires de quienes deben hacerlo por necesidad) esa inestabilidad es autoinfligida, si. Porque es una decisión.
Pero someterse de forma consciente y voluntaria a un proceso de partida, tan lento y relevante como el de dejar un lugar, un hogar, incontables vínculos y proximidades necesarias, una forma de vivir, los medios de subsistir que conocías y que te caracterizaron hasta ser quien sos, es tan estrepitoso para quien decide hacerlo como para quien tiene que hacerlo como necesidad.

En el vivir cada quien asume tener su tiempo asegurado y bajo control. Abrazamos esa idea de seguridad autoconstruida, y en ella nos cobijamos pretendiendo que sabemos dónde, cómo y cuándo. Y eso nos da tranquilidad. Aun cuando sabemos que sin dudas nadie puede controlar el tiempo, la existencia. Podemos minimizar riesgos, seguro, pero nunca podremos tener la real certeza de que lo que esperamos, sucederá. Esto es completamente racional, y lo tengo claramente asumido. 

Ocurre que mientras suena ese estrépito retumbar, toda racionalización queda subsumida, inevitablemente, a las avasalladoras emociones asociadas a la partida y a la desaparición progresiva de tu mundo inventado conocido. Y cual vendaval la emotividad se hace carne, y lo racional deja de percibirse.
Y todo, hasta lo coherente, es caos.
Y si bien sé que partir no es otra cosa que asumir que cada quien es dueño de sus decisiones y en ellas, solo en ellas está la certeza, no se siente así. Ni sabiendo.

En fin, la hipotenusa.
Me despido con una lágrima rodando en mi mejilla, para desaparecer en la comisura de una sonrisa. A partir de este momento ya no tengo mi lugar y mi mundo ya no existe. Al menos no como lo conocí estos últimos años. Y así como mi mundo, yo mismo empezaré a ya no ser como soy hoy. 

Eso no es ni malo, ni bueno. Simplemente es, y es porque quiero hoy que sea.
Al fin y al cabo, ¿Quién necesita ser poseedor de un lugar al que llamar suyo, en realidad?

13 de marzo de 2022

Domingo de nostalgias anticipadas


Domingo de nostalgias anticipadas…

A quien pregunta digo: voy a dar unas vueltas, 

luego regreso. 

A mi, incluso, me lo digo, y me lo afirmo. 

Ese es el ancla. 

Pero a veces no alcanza, claro. 

El ancla por más que firme, 

la mente no retiene. 


Cada abrazo sabe a despedida. 

No lo es, y si lo es. 

Lo querido permanece, 

lo habitual desaparece. 

Las rutinas ya no encorsetan

laberínticos ciclos; 

Decidí detener la manecilla, hacerme a un lado

y ver qué onda.  


Pero el ancla, por más que racional,

no doblega la emoción. 

Lugares, momentos, situaciones, espacios. 

Elecciones que soy, 

y fui

quedarán atrás. 


Si. Claro que muchos, 

nuevos, distintos y emocionantes vendrán.

Pero qué somos los nostálgicos? 

Si no aquellos que nos aferramos a lo certero, 

a lo confiable, y conocido. 

Y en torno a ello edificamos realidades. 


Cual castillo de rastis

llegó el momento de guardar los juguetes, 

desarmar y modificar esa realidad creada, 

querida, “segura”

y caminar sin un rumbo cierto. 


Domingo de nostalgias que afloran. 

(ver a mis padres partir con mis cosas, sin dudas, algo tuvo que ver)

Pero eso solo cataliza la emoción. 


La verdad es:  el plan es que no hay plan. 

Eso es una carga destructiva en los pilares de una existencia. 

O de la mía, al menos. 

Tendré que encontrar un camino

y construir nuevas realidades. 


Los recuerdos se vuelven difusos, si. 

Por ello voy a abrazar estas nostalgias.


31 de octubre de 2021

Dani


Dani podía recordar aún escenas breves pero de buena calidad visual de su niñez, cuando la diversión pasaba por correr sin rumbo, o hacerlo hasta encontrarse con una rama al alcance de sus brazos para trepar a un mundo desconocido. 

El árbol, claro, representaba su idea de libertad. No sabía, probablemente, de que iba en realidad el concepto de libertad, pero aún así lo añoraba. 

No terminaba de entenderlo, pero lo conocía. De alguna manera su cuerpo le decía cómo y qué, pero nunca cuando. No podía saber cuando lo experimentaría, pero si podía sentirlo en todo su ser cuando lo recordaba. 

Venía despertando con esta idea en su mente desde hacía un tiempo ya. Incluso había hablado en telesesiones con su terapeuta de esas emociones vívidas, que le hacían bien y le pesaban a la vez. No era lo esperable, y le estaba restando eficiencia, sin duda. 

Recibió una notificación en el auricular izquierdo, se había distraído demasiado tiempo, debía seguir con lo suyo. Ya habría tiempo para esas cosas en la semana de esparcimiento que se avecinaba. 

Vivía en un condominio, en una torre, claro, como casi todos. 

Su torre le hacía acordar a un juego de maderas pequeñas que había visto en su niñez, en el que se ponían de a tres, unas sobre otras, y ganaban los jugadores que no perdían. Su condominio tenía de ostentoso solo el nombre. El haber adquirido deuda para vivir allí fue producto de una impecable jugada publicitaria para torcer la animosidad colectiva hacia la idea de vivir en peceras de metal elevadas y con vista. Si tenías la suerte de poder pagar uno de los pisos por encima de La Nube (así se le llamaba a la bruma que ennegrecía la visión humana por debajo de los 25 metros), podías incluso tener vista al aire puro. Desde luego, Dani no la tenía. 

De pronto recordó que esa noche tenía su cita programada, tendría que limpiar su espacio. Era sabido que el sexo regular y en su medida justa permitía que la mente se enfoque y la productividad se elevara, por ello las políticas de salud establecieron para las diferentes categorías de ciudadanos, diferentes tipos de servicio. Decidió que la limpieza podría hacerla entre su siguiente llamada y la reunión en que debía participar, afortunadamente no tenía que proyectarse holográficamente.  

Tampoco tenía que preocuparse por la cena. El servicio de alimentación preveía esta situación. No se podía negar la brillante coordinación de los servicios gubernamentales. Su calendario preveía cita programada, por tanto el servicio de alimentación enviaba las raciones de quienes estaban involucrados a la residencia donde se encontraban. Y siempre autorizaban las citas programadas en un día en que el menú fuera apropiado, claro.  

Recibió una notificación en el auricular izquierdo, se había distraído demasiado tiempo, debía seguir con lo suyo. Ya habría tiempo para esas cosas en la semana de esparcimiento que se avecinaba. 

Le generaba ansiedad la semana de esparcimiento. Tendría visitas holográficas con su familia, pero además habían reservado con sus amigos tres días completos en en realidad aumentada. Las opciones eran muchas, desde hacía tiempo se había comprendido que la sociedad debía seguirse emocionando, controladamente, pero no solo era necesario, era además mucho mejor para la eficiencia colectiva. Eran muchos los recursos que se destinaban a los programas y planificaciones de esas semanas para que todos pudieran tomarse al menos 4 cada año, pero fueron la clave para organizar la supervivencia y las condiciones de dignidad escueta pero equilibrada en que vivían. Bueno, al menos los que permanecían en clase 8. Las clases 7 a 1 estaban casi diezmadas. Tenía suerte. 

Recibió una notificación en el auricular izquierdo, esta vez más intenso que el anterior y más pronto, se estaba arriesgando a recibir un apercibimiento. 

Se quitó su visor optimizado, y se puso de pie. 

Inmóvil, pero con una estaticidad que parecía producto de una emoción mezcla de incredulidad, asombro y perplejidad. Pasaron varios minutos. Sonrió. Levantó su mirada, miró el núcleo brillante en la profundidad del servidor del condominio, miró el comando en la consola a su lado, y lo oprimió,

Oscuridad. 

Las lúgubres luces automáticas diurnas se encendieron, apenas iluminaban su andar. 

Miró por primera y ultima vez su mundo a oscuras y detenido. 

Y se fue. 


4 de septiembre de 2021

Ciclos

 


Casi a diario paso algunos minutos, a veces muchos, contemplando como la vida regresa a las ramas frente al balcón. 

De alguna manera me lleva a un trance siempre, ver como pequeños destellos de verde se abren camino, lento pero sin pausa, extendiéndose con el paso de los días hacia el cielo. 

Todo eso ocurre ante mi mirada deslumbrada, fija y a la vez perdida. Creo que es una de las cosas que más me gusta de vivir en este lugar. 

Son ciclos, que se repiten de manera silenciosa, sigilosa, que he naturalizado. 

¿Y si está fuera la última primavera que veo nacer de este modo, en este lugar, con esta intensidad? 

Seguramente lo extrañaría, y mucho. 

Pero la primavera vuelve, siempre, en este, y en cualquier lugar. Podría incluso seguir la primavera, ver el mundo reverdecer más de una vez. Solo debería salirme de los ciclos. Atravesarlos, explorarlos, vivirlos más de una vez, cuando yo quiera. 

¿Y el ciclo? Seguirá, claro. 




28 de marzo de 2021

De nuevos comienzos

 


Llevo un largo tiempo pensando, analizando, permitiéndome sentir intensamente esas emociones que la vorágine, y muchas veces, los propios instintos, o temores, suelen invisibilizar. 

Las he encontrado de todo tipo, formas y colores; fuertes, profundas y honestas. 

Sentires y cosas que dan miedo. 

De esos, que muchas veces te despiertan en las noches convertidos en pesadillas. 

De esas, que generan inseguridad, incertidumbre, pérdida de control.

Me he desvelado. Me envolvió la ansiedad, me atrapó el desconcierto... Pero, no voy a llevarte por ahí, no es mi interés revelar mis tormentas a otros ojos. 

En algún momento, de alguna manera, con ayuda, claro, entendí una clave, simple pero compleja. 

Sencilla, pero a simple vista inalcanzable. 

Y me reí, porque siempre me lo había dicho, incluso siempre lo había mencionado a las personas que quiero, a veces hasta empujándolas a tomar decisiones trascendentales en sus vidas...

Entendí que eso que siempre pensé, era real, simple, y a la vez, profundo y determinante: todo, siempre, es cuestión de puntos de vista y perspectiva. 

Si, el único modo de cambiar, es... haciendo el esfuerzo inmenso que conlleva cambiar. 

Y para eso hay que romper estructuras, concepciones, desprenderse de seguridades, arriesgarse a la falta de control, dominar las ansiedades, correrse de los lugares cómodos y habituales. 

No digo que lo haya logrado, eso es lo más difícil de aceptar, es un camino de ida, cuyo final desconoces, y simplemente estás teniendo el valor de caminar sobre él, sin saber por dónde, por cuánto tiempo, ni hasta qué lugar. Pero sí siento que empecé a andar un nuevo camino, desde ese preciso instante en que fui consciente pleno de esa idea intrínseca a mi existencia.. 

Y me emocionan, aunque me asusten, los nuevos comienzos. 

de ocasos y despedidas

 



Febo se desploma
sigiloso tras el horizonte
el camino llega a su fin,
y aún resuenan las risas
perdidas en la penumbra
de noches anónimas
de calles desconocidas
de plazas si nombre;

horas que tenues
se desvanecieron con las conciencias
y se fusionaron en un instante inagotable
eterno y permanente:
ahora.
ni ayer, ni mañana.
ni pasado, ni futuro

Ahora.
la hora de las almas desnudas
Irradiando libres
toda su esencia sobre el firmamento
el momento del dolor del rostro feliz,
de músculos faciales entumecidos
y lágrimas confundidas
humedeciendo carcajadas.

Vivir,
antes de que se acabe el tiempo de hacerlo.
abrazos y despedidas,
abrir los ojos y sonreír,
sabiendo que volveremos a encontrarnos.

17 de enero de 2021

Plenitud



Viajar,
dormir la atención, parar el mundo
pivotear, como juego inocente entre él tonal y el nagual.
Cuanto me has ayudado a trasformarme, Carlitos.

Tocar con las manos el aire
sintiendo la noche y las estrellas fluir
atravesando toda tu humanidad,
llevando consigo la conciencia
expandiéndola, desmenuzándola, liberándola.

Los lugares de poder existen,
consuelan, calman, sanan... ayudando.
Nada incompleto se completa casualmente,
sino con el compromiso y el esfuerzo
del propio ser incompleto.

Evolución.
Aprender a pedir, enseña a dar y recibir.
Gracias abuela, gracias abuelos.

15 de noviembre de 2020

Calma.


Mirar al infinito sin ver, fijar la vista sin enfocar

estar en medio del todo, sin percibir más que la inmensidad

oir arrullos y cánticos, sin determinar ni origen ni distancia

la piel se eriza ante la tenue brisa

que silenciosa, lo envuelve todo.

Respirar al son de los latidos serenos

de un corazón sin prisa. 

Estar, ser, existir

sin razón, sin motivo,

con propósitos desconocidos pero a la vez familiares.

Detener el mundo, 

silenciar las voces

interrumpir el diálogo permanente e incesante 

estar

ser 

existir. 

Los acordes del tiempo resuenan,

desaparecen.

Uno en sí mismo, siendo parte del todo, 

inmenso e inabarcable. 

Las líneas del tiempo se entremezclan, 

pasado, presente y futuro, 

segundos eternos, eternidades finitas

que caben en la palma de una mano,

cual carcelero,

deteniendo el tiempo, anulando dimensiones. 

Calma. 

Ser. 

Estar. 

Existir. 


7 de noviembre de 2020

Puente de inflexión.

 


¿Cuántas veces me he preguntado, de manera consciente, o incluso inconsciente, si debía cruzar?

La vida sorprende, permanentemente. 
Sin descanso te muestra que el control es solo una ilusión que construiste en tu mente para tu propia "seguridad". Seguridad, claro está, que no es más que parte de esa misma ilusión. 

Debo confesar que en los últimos meses el tsunami emocional y analítico en que me he visto inmerso no fue el mejor de mis momentos. 
Afortunadamente pude detectar las señales a tiempo, viejas conocidas ya; y en lugar de bloquear la introspección, me entregué de lleno a ella, sin red de seguridad. 

Nunca sabré si cada puente con el que me encontré, me armé de valor y crucé, fue el primero, o el fundamental. Pero sí se con certeza que fue relevante. Relevante por contexto, por el estado emocional, por la energía que percibí en ese preciso instante. 
Dejarse abrazar por las emocionas, cualesquiera que sean, no puede ser una mala decisión. Es, sin dudas, lo más auténtico que podemos hacer, lo más honesto con uno mismo. 

Vencer el miedo, nuestro principal enemigo, es el primero de los grandes desafíos. 
Pues en definitiva, ¿qué es el miedo?
No es más que aquello que nos asusta, que desconocemos, en nuestra propia construcción mental y visión de la idea y funcionamiento del mundo que nos rodea, y del propio coexistir con este. 
Si yo le doy entidad, también puedo quitársela. Yo determino mis miedos, y solamente yo puedo vencerlos. Para ello hacen falta verdad, y emociones cargadas de verdad. 

Cruzar esos puentes de inflexión que yo mismo pongo en mi camino, es el único modo de silenciar el mundo, y escucharme, descubrirme, entenderme y ser consciente de que mi camino sigue inconcluso, que si bien no conozco el destino, aun falta mucho por andar. 
Vivimos en base a nuestras decisiones, nada más, y en base a la parodia del universo que nos montamos. 
Hasta que el velo cae. 
Hasta que cruzamos esos puentes de inflexión. 








29 de octubre de 2020

Al acecho.

El incesante bullicio del tiempo que pasa, tirano e indiferente, 
dibuja en los rostros que conocí emociones que desconocía. 
Incluso a veces, en el reflejo, intenta -logra- confundirme. 

Encuentro mi propia mirada sostenida, 
que inunda de verdad, pupilas y sonrisa.

Suspiros invisibles empañan la visión, 
la difuminan y la mezclan; pasado y presente.
No cambia la imagen, cambia el ser. 

Ya lo dijo Don Juan, 
"en un mundo donde la muerte es el cazador,
no hay tiempo para lamentos ni dudas"

Vuelvo al momento, hago tangible la realidad.
Desempaño las superficies, y veo en presente
el pasado y el futuro. 

Soy uno, de principio a fin.
soy el que era, y seré quien vaya a ser. 

Causa y efecto. 
Todos somos presas de un mismo cazador.
Si no encuentras busca,
si encuentras disfruta. 
No hay tiempo que perder. 

9 de octubre de 2020

Máximas de travesía 1

“Que tengas que tomar decisiones en tu vida

no quiere decir que tengas que tomarlas todas ahora.” 





4 de octubre de 2020

volver...



Volver.

¿Cuántas veces se me ha cruzado esta palabra, ese pensamiento, a lo largo de mi existencia?
Demasiadas, podría afirmar, sin temor alguno a equivocarme. Al igual que podría calificar de atinada la cuantificación de "incontables" que se me viene de inmediato a la cabeza, y me obliga a sonreír con un dejo de ironía en el brillo de los ojos.

Volver.

¿A dónde? ¿desde dónde? o, peor aún: ¿desde o hasta cuándo?

Creo que nunca podré - y ciertamente, dudo que alguien pueda- responderme esta incógnita.

Pero en definitiva, he vuelto.

Pensé en iniciar de cero esta nueva etapa de "cosas que escribo", pero al releer todo lo que publiqué desde el inicio, cambié de parecer. Esos lugares desde los que vengo, son sin duda alguna motivo y razón, en parte al menos, de quien soy hoy. Y como tales, que allí permanezcan. No como fundamento, sino como parte de un todo. Como porciones de pasado que erigieron un presente.

Es cierto que no soy el mismo que empezó estas publicaciones por allá en 2010, y también es real que tampoco soy quien se secaba las mejillas en 2016 para seguir, abrumado de preguntas sin respuestas.

Y así como sé que no tengo aún las respuestas, sé con certeza que no soy aquel, ni soy el mismo, aunque siga siendo aquel y siempre lo seré, aunque sea el mismo y ya no lo sea, a la vez.

Elijo pensar que de cierto modo evolucioné. Y no juzgo la acción desde ningún ángulo, ni la mido en ninguna escala. Me refiero, lisa y llanamente, al cambio de un estadío a otro; a eso llamo evolución.

Y por eso vuelvo, porque en esa evolución descubrí que debía seguir explorando;

y por eso alguna vez comencé a escribir acá, de eso se trata, de ir construyendo en estas líneas ese relato. Pero no un relato definitivo. No uno con una trama lineal, con nudo, desarrollo y final. Quizas en algun momento, pero no ahora. Por ahora solo vuelvo a escribir.

Quizás en algunos años, cuando alcance un nuevo estadío en mi búsqueda personal, en mi evolución, pueda sentarme y retomarlos, y encajar las piezas en una única imagen, en una única búsqueda, en un único inicio, y un único final.

Por ahora, y mientras tanto, intentaré vivir y, principalmente, sentir, muchas cosas que me hagan escribir.