la vida te cobra el precio del daño que cargas.
Estar roto no es gratis.
Hay heridas que no sanan
incluso aunque no se vean ni duelan.
Y cuando menos lo sospechas,
ese dolor que no logras abrazar
te mueve, te domina
y en el impulso
lastimás.
A vos, a otros, a otras.
Tu resquebrajado existir
altera las estelas de otras vidas;
y daña.
Y descubrís ahí el fin de reconstruirte,
de procesar, de sanar,
de evolucionar.
Reparar ese daño que te socava,
ese es el fin.

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