4 de abril de 2010
en la inmensidad
transcurren sin prisa ni ansia
en la oscura inmensidad,
sembrada ella de titilantes astros,
que coronan magnifica a la luna
soberana de la noche,
testigo de mis pensamientos
y complice de mis suenos.
Son horas de calma serena
en medio de agitados presentes,
y con mi Reina perlada
como unico resguardo,
expongo a sus destellos frios
desnuda el alma y quito la coraza.
Es esencia, es fragil
el ser expuesto en su estado mas puro;
es peligroso y hasta suicida
descubrir de esa manera
y a tal punto exponerse...
La reina banandome la piel,
la noche abrazandome voraz,
las estrellas marcando el ritmo del latir
y tu rostro dibujado en la cara de mi Reina
tan unico e inalcanzable
cual ella misma.
Es aqui en la inmensa libertad
que reconozco y que asumo,
con mi soberana como testigo,
que la traiciono por unica vez pero para siempre
pues ese vacio que antes asfixiaba
hoy lo ocupa tu rostro, tu mirada,
tu sonrisa, tu caricia, tu llegada.
27 de marzo de 2010
pasan y pesan
17 de marzo de 2010
el beso perfecto
4 de marzo de 2010
malas compañías
3 de marzo de 2010
Sus labios sedientos le dijeron que debía despertar. Habían pasado horas, probablemente días de la última vez que había estado consciente. Intentó con todas sus fuerzas levantarse, apoyándose lentamente en las piedras que le cortaban la debilitada piel de sus palmas. Con cada intento fallido, la sangre brotaba de sus rodillas resquebrajadas al caer con su peso muerto, abatido sobre el pedregoso sendero.
Supo antes de comenzar el viaje que esa montaña más que un desafío sería la prueba más difícil que hubo alguna vez enfrentado. Aún así nada pudo detenerlo. Era su travesía, su búsqueda. No sabía bien que le esperaba en la cima, quizás más incertidumbre y ninguna respuesta, pero sentía que ese sendero casi perdido entre piedras y matorrales lo llevaría a algún lugar. No sólo a algún lugar, sino al lugar en el que debía estar.
Sabía también que los riesgos eran demasiado grandes. No había consultado acerca de cómo se comportaría el clima en esos lares por aquellos días, tampoco había previsto qué tiempo le llevaría la escalada por lo que no podía estimar si el agua y la comida que acarreaba serían suficientes.
Él sólo supo que era su camino y lo tomó.
Comenzó a andar, despojándose de temores y dudas. Horas más tarde, si poder siquiera saber cuántos metros se había alejado de tierra firme, ya no tenía señal en su teléfono satelital. Estaba incomunicado.
El clima no fue el mejor, soportó con entereza sus inclemencias, o al menos la mayoría de ellas. La comida y el agua no fueron suficientes. El terreno era mucho mas inestable, incierto de lo que hubiera imaginado. En más de una oportunidad se le cruzó por la mente la idea de regresar. Simplemente debía girarse, descender. Ya podría volver a intentarlo, venir más equipado, con más provisiones.
¿Por qué no dio marcha atrás?. ¿Por qué no tomó las cosas con más calma, si podía esperar y luego volver a intentarlo?. Sólo él lo supo.
Probablemente las ansias de descubrir eso que lo esperaba en la cima eran demasiado grandes. Probablemente porque no estaba acostumbrado a rendirse, y menos aún a dar marcha atrás.
Y ahora estaba desangrándose. Sediento. Solo. Quizás tan cerca de su propio final como nunca imaginó. Pero la cima estaba tan cerca. Sólo un pequeño, o no tan pequeño esfuerzo, y conquistaría su meta.
¿Que haría?
¿Ponía en riesgo su vida, todo lo conocido por alcanzar un sueño?
No lo dudó. Se irguió temblorosamente sobre sus debilitadas piernas, apoyándose con sus cansados brazos sobre la dura piedra, levantó la vista, inhaló profundamente una bocanada de aire y avanzó.